La importancia de pasar el mensaje a profesionales
Número 6

La importancia de pasar el mensaje a profesionales

Si bien el éxito de Alcohólicos Anónimos se basa en que es el único lugar en que un alcohólico se siente comprendido por compañeros que tienen la misma enfermedad, es fundamental que quienes no la sufren conozcan sobre ella porque seguramente se relacionarán en sus vidas con personas con esta problemática. Por esto es necesaria la información pública.

“Al segundo día de estar en el sanatorio vino a verme el mismo médico que me había convencido la vez anterior, el Dr. Roberto Pochat, quien hasta el día de hoy es uno de mis buenos amigos. Allí me repitió que el alcoholismo es una enfermedad, que no es un pecado ni un problema moral, que yo no era un degenerado ni una mala persona, sino un enfermo muy parecido al diabético. Todo esto yo ya lo sabía por experiencia propia, pero lo que no sabía era cómo vivir sin alcohol. De todos modos, me sometí a un tratamiento médico de desintoxicación y de vitaminas y estuve internado en el sanatorio un mes y veinte días. Recuerdo que al salir uno de los directores me despidió en la puerta con un amistoso e irónico: “Hasta la vuelta Héctor”. "Está muy equivocado" -le dije-. "Yo por aquí no vuelvo más". Sonrió y me contestó: "Ojalá, pero los alcohólicos siempre vuelven."                                                                                                   

En realidad, volví varias veces años después, cuando yo me encontraba muy activo en Alcohólicos Anónimos, para visitar a otros alcohólicos internados en ese sanatorio, pero a Dios gracias nunca volví como paciente. Al salir del sanatorio siguió mi relación con el Dr. Pochat en su consultorio, donde concurría primero tres veces por semana, después dos y
finalmente una. Había vuelto a trabajar en un modesto empleo y poco a poco me compraba lo que me hacía falta, contribuía con los gastos de mi casa y me afianzaba en mi recuperación física. Pero nuevamente fui presa de esa sensación de vacío espiritual, de futilidad, de no encontrarle sentido a la vida, de angustia, abulia y aburrimiento. Le expliqué al doctor lo que me pasaba y me dijo que para rehabilitarme totalmente tenía que hacer “algo más que un tratamiento médico”. Me dio la dirección de Alcohólicos Anónimos en Nueva York y me aconsejó con insistencia que les escribiera y les planteara mi problema.

Extracto del folleto “Los comienzos de Alcohólicos Anónimos en la Argentina” de Héctor G.

“Al segundo día de estar en el sanatorio vino a verme el mismo médico que me había convencido la vez anterior, el Dr. Roberto Pochat, quien hasta el día de hoy es uno de mis buenos amigos. Allí me repitió que el alcoholismo es una enfermedad, que no es un pecado ni un problema moral, que yo no era un degenerado ni una mala persona, sino un enfermo muy parecido al diabético. Todo esto yo ya lo sabía por experiencia propia, pero lo que no sabía era cómo vivir sin alcohol."

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